
En la primera parte vimos qué son las Industrias Creativas y cuántos nombres tienen: Industrias Culturales, Economía Creativa, Economía Naranja. Quedaba fuera la pregunta que de verdad nos interesa aquí: por qué una asociación que trabaja en sostenibilidad dedica su tiempo a esto.
La respuesta corta es que la creatividad es uno de los pocos recursos económicos que no se gasta al usarlo. La respuesta larga tiene matices, y alguno es incómodo.
El recurso que no se agota
Si dos personas se reparten un barril de petróleo, cada una se queda con medio barril. Si se reparten una idea, cada una se queda con una idea entera y, con suerte, al rato hay tres. Los economistas llaman a esto un bien no rival, y es el cimiento de la teoría del crecimiento endógeno de Paul Romer, premio Nobel de Economía en 2018: el conocimiento no se consume, se acumula.
Esa es la primera razón para mirar hacia las Industrias Creativas cuando se habla de sostenibilidad. Un modelo que crea valor a partir de conocimiento, diseño, relato o cultura tiene una intensidad material mucho menor que uno basado en extraer, transformar y transportar cosas.
Conviene decirlo enseguida, antes de que suene demasiado bien: inmaterial no significa sin huella. Un centro de datos consume electricidad y agua, una gira consume queroseno, un festival consume territorio y una editorial consume árboles. La economía creativa es más ligera, no ingrávida. Quien la venda como limpia por definición está vendiendo otra cosa.
Qué dicen los números
Según el Creative Economy Outlook 2024 de la UNCTAD, con datos de 2022:
- Las exportaciones mundiales de servicios creativos alcanzaron 1,4 billones de dólares, un 29 % más que en 2017, y suponen ya el 19 % de todas las exportaciones de servicios del mundo.
- Las de bienes creativos sumaron 713 000 millones de dólares, alrededor del 3 % del comercio mundial de mercancías.
- La economía creativa aporta entre el 0,5 % y el 7,3 % del PIB y emplea entre el 0,5 % y el 12,5 % de la población activa, según el país.
El tercer dato es el que más nos interesa, y suele ser el que menos se cita. Que entre un país y otro haya más de diez veces de diferencia no se explica por el talento de sus habitantes: se explica por decisiones. Formación, marcos legales, financiación, derechos de autor, infraestructura, tiempo. La economía creativa no brota: se cultiva. Y donde no se cultiva, no aparece sola.
La UNESCO, por su parte, calculaba antes de la pandemia que las industrias culturales y creativas aportaban el 3,1 % del PIB mundial y daban trabajo a unos 50 millones de personas, en torno al 6,2 % del empleo global.
Por qué a esto se le llama sostenible
No es una etiqueta que nos hayamos puesto nosotros. En diciembre de 2019 la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la resolución A/RES/74/198, propuesta por Indonesia y copatrocinada por 81 países, que declaró 2021 Año Internacional de la Economía Creativa para el Desarrollo Sostenible, con la UNCTAD como coordinadora.
Y no se queda en el gesto: la creatividad aparece en el texto mismo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. La meta 8.3 pide promover políticas que apoyen «las actividades productivas, la creación de puestos de trabajo decentes, el emprendimiento, la creatividad y la innovación». La 8.9 habla de un turismo sostenible «que cree puestos de trabajo y promueva la cultura y los productos locales». El ODS 11.4 pide proteger el patrimonio cultural y natural.
Antes que todo eso, la Convención de la UNESCO de 2005 sobre la protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales ya había dejado establecido algo que conviene no olvidar: los bienes culturales no son mercancías como las demás, porque son a la vez económicos y portadores de identidad.
La prueba de resistencia
La pandemia funcionó como un ensayo a tamaño real, y el resultado tiene dos caras.
El sector perdió 10 millones de empleos y unos 750 000 millones de dólares de valor añadido bruto. Las exportaciones de bienes creativos cayeron un 12,5 % en 2020. Pero las de servicios creativos retrocedieron sólo un 1,8 %, frente al 20 % que se dejó el conjunto de los servicios.
La lectura agradable es que lo digitalizable aguantó bien. La incómoda es que el golpe no se repartió: lo encajaron sobre todo las personas —músicos, técnicos de sonido, salas, artesanos, guías— y no las plataformas por las que circulaba su trabajo. Resiliencia del sector no es lo mismo que resiliencia de quien lo sostiene.
La letra pequeña
Sería deshonesto terminar sin la parte crítica, que es abundante y viene de dentro del propio campo.
Nicholas Garnham sostuvo en 2005 que el salto de «industrias culturales» a «industrias creativas» sirvió sobre todo para meter bajo un mismo paraguas a todos los sectores que explotan propiedad intelectual, alineándolos con el discurso de la economía del conocimiento y perdiendo por el camino la especificidad de la cultura. David Hesmondhalgh —a quien ya citábamos en la primera parte— añade que ese giro descuida el acceso, la equidad y las condiciones del trabajo cultural.
Y está el caso de Richard Florida. Su «clase creativa» fue durante quince años el argumento favorito de ayuntamientos de medio mundo para justificar operaciones urbanas. Jamie Peck la describió en 2005 como una agenda que legitima la gentrificación y pone a las ciudades a competir por atraer élites profesionales, sin mirar a quienes las sostienen con salarios bajos. Ann Markusen cuestionó que la categoría tuviera siquiera coherencia sociológica. El propio Florida acabó reconociendo buena parte del problema en The New Urban Crisis (2017).
La conclusión que sacamos de todo esto no es que el marco no sirva. Es más sencilla y más exigente: las Industrias Creativas pueden ser una forma sostenible de crear valor, pero no lo son automáticamente. Depende de a quién llegue el valor que crean.
Qué significa esto en un archipiélago
En Canarias la materia prima no es el subsuelo: es la cultura y el territorio. Eso convierte a la economía creativa en una oportunidad evidente y en un riesgo igual de evidente, porque la frontera entre poner en valor la cultura local y convertirla en decorado turístico es más fina de lo que parece. Extraer sin devolver también se puede hacer con el patrimonio inmaterial.
Por eso la Agenda Canaria 2030 añade un ODS 18, Diversidad lingüística y cultural, que no existe en la agenda global. Es una forma de decir que aquí la cultura no es un adorno del desarrollo: es parte de lo que hay que sostener. En Comando Creativo lo aplicamos como un objetivo más en cada proyecto.
La fotografía que abre esta entrada es del Centro Locero de La Atalaya, en Santa Brígida (Gran Canaria): una tradición alfarera que se remonta a la población aborigen de la isla y que sigue viva. Es un buen recordatorio de que el valor creado a partir de cultura tiene domicilio. No se deslocaliza, no se descarga y no se fabrica en otro sitio más barato.
Para verlo en un vídeo
La UNESCO resume en este vídeo por qué considera la economía creativa una palanca de desarrollo sostenible y no sólo un sector más:
Menciones
- UNCTAD — Programa de Economía Creativa
- UNESCO — Cultura y creatividad
- David Hesmondhalgh — @hesmondthing
- Richard Florida — @Richard_Florida
Bibliografía
- UNCTAD (2024). Creative Economy Outlook 2024. Ginebra: Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo.
- UNCTAD (2022). Creative Economy Outlook 2022. Ginebra.
- Asamblea General de las Naciones Unidas (2019). Resolución A/RES/74/198: Año Internacional de la Economía Creativa para el Desarrollo Sostenible, 2021.
- UNESCO (2005). Convención sobre la protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales.
- Garnham, Nicholas (2005). «From cultural to creative industries». International Journal of Cultural Policy, 11(1): 15-30.
- Peck, Jamie (2005). «Struggling with the Creative Class». International Journal of Urban and Regional Research, 29(4): 740-770.
- Hesmondhalgh, David (2019). The Cultural Industries (3.ª ed.). Londres: Sage.
- Florida, Richard (2017). The New Urban Crisis. Nueva York: Basic Books.
- Romer, Paul (1990). «Endogenous Technological Change». Journal of Political Economy, 98(5): S71-S102.
Segunda parte de la serie. La primera es ¿Qué son las Industrias Creativas? (I) Introducción.
