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¿Qué son las Industrias Creativas? (III) No brota, se cultiva

Industrias Creativas

Viñedos de La Geria, en Lanzarote: hoyos excavados en la ceniza volcánica y protegidos por muretes de piedra
La Geria (Lanzarote). Foto de Tamara Kulikova, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

En la primera entrega vimos qué son las Industrias Creativas, cuántos nombres tienen y cuánto pesan. En la segunda preguntamos si son de verdad una forma sostenible de crear valor, y la respuesta fue incómoda: pueden serlo, no lo son automáticamente, y depende de a quién llegue el valor.

Queda la pregunta práctica, que es la que ocupa el tiempo de quien trabaja en esto: ¿y cómo se hace? Porque una economía creativa no aparece porque un territorio tenga gente con talento. No brota. Se cultiva.

Una diferencia de diez veces no la explica el talento

El dato de la UNCTAD que conviene tener siempre a mano es este: la economía creativa aporta entre el 0,5 % y el 7,3 % del PIB y emplea entre el 0,5 % y el 12,5 % de la población activa, según el país. Más de diez veces de diferencia entre unos y otros.

Ningún país tiene diez veces más personas creativas que otro. Lo que cambia es todo lo demás: si hay formación, si hay dinero dispuesto a asumir riesgo, si los derechos de autor se respetan y se cobran, si existen salas, estudios, conexión y alguien que distribuya. La diferencia no está en la materia prima. Está en lo que se ha construido alrededor de ella.

Esa es la buena noticia escondida en el dato, y también la exigente: si depende de decisiones, se puede decidir. Y si no se decide, tampoco es mala suerte.

Lo que pasa cuando un país lo decide de verdad

La UNCTAD dedicó en 2024 un informe entero a un solo caso: K-content goes global, sobre cómo el apoyo público y la política de derechos de autor impulsaron la economía creativa de Corea del Sur. El subtítulo ya adelanta la tesis.

Lo interesante no es el resultado —la ola coreana, el Hallyu, que todo el mundo conoce— sino el giro que lo hizo posible. El informe lo describe como un cambio de mentalidad en la política cultural: de subvencionar un sector que produce bienes públicos —excelencia artística, cohesión social, patrimonio, identidad— a tratarlo como política industrial. Desde los años 2000, y sin cambiar de rumbo con cada gobierno.

Conviene decir enseguida lo que ese caso no es: una receta que se copia y se pega. Corea tenía un mercado interno, una escala industrial y veinte años de continuidad que no están al alcance de cualquier territorio. Lo que sí se puede leer ahí es el método: decidir, sostener la decisión más de una legislatura y montar el marco legal que hace que el valor se quede donde se crea.

Las palancas, una por una

De ese mismo informe y del Creative Economy Outlook 2024 salen los frentes que la UNCTAD identifica como determinantes. Los ordenamos con nuestra lectura:

  • Competencias digitales. No es alfabetización informática: es saber producir, distribuir y cobrar en un entorno donde la cadena de valor entera cambió de manos.
  • Financiación que entienda el riesgo. La UNCTAD subraya la «naturaleza de alto riesgo» del sector. Un banco que pide garantías reales a quien sólo tiene intangibles está diciendo que no antes de leer el proyecto.
  • Marco institucional y derechos de autor. Es la palanca menos vistosa y la que más decide. Sin derechos que se puedan ejercer y cobrar, todo lo demás alimenta a otro.
  • Medición. La propia UNCTAD publicó en 2024 un marco revisado para medir las industrias creativas. No es burocracia: lo que no se mide no entra en un presupuesto, y lo que no entra en un presupuesto no existe para la política pública.

El problema no es el conocimiento. Es la decisión

Todo lo anterior está escrito, publicado y disponible gratis desde hace años. Y aun así:

  • De los 36 países que respondieron a la encuesta de políticas de la UNCTAD, sólo doce tenían iniciativas específicas para las industrias creativas.
  • Según el Informe Mundial sobre Políticas Culturales de la UNESCO, publicado en octubre de 2025, sólo el 46 % de los países del Norte global y el 58 % de los del Sur han incorporado la cultura a sus estrategias de desarrollo.

La brecha no es de información. Es de voluntad, de continuidad y, muchas veces, de que nadie dentro de la administración tenga esto en su descripción de puesto.

El dinero que ya está puesto

Conviene saberlo antes de dar por hecho que no hay recursos. A escala europea, el programa Europa Creativa cuenta con 2.440 millones de euros para 2021-2027, frente a los 1.470 millones del periodo anterior: casi el doble.

Y en Canarias, el instrumento más desarrollado que existe hoy no es una subvención, sino fiscal. Según Canary Islands Film, la oficina autonómica del sector, las producciones audiovisuales pueden acogerse a una deducción de hasta el 54 % —tanto extranjeras como españolas, con requisitos de gasto mínimo en las islas y certificación—, a un tipo del 4 % en el Impuesto de Sociedades para empresas radicadas en la Zona Especial Canaria, y al tipo cero de IGIC en la ejecución de largometrajes y series. Las condiciones exactas están en su guía fiscal, y cambian: esto no es asesoramiento, es un punto de partida para preguntar.

Ahora la parte incómoda, que en esta serie nunca falta. Ese paquete es de los más agresivos de Europa y apunta a un solo subsector. La pregunta que decide si eso es economía creativa o alquiler de paisaje no es cuántos rodajes vienen, sino qué se queda cuando se van: equipos técnicos locales que aprenden y repiten, empresas de aquí en la cadena, derechos que se registran en las islas, obra propia que se produce y no sólo se sirve. Un incentivo mide gasto. Una economía creativa se mide por capacidad acumulada.

Qué se puede hacer sin esperar a nadie

Nada de lo anterior está en manos de una asociación pequeña, de un estudio de diseño o de un ayuntamiento de tres mil habitantes. Pero cuatro cosas sí lo están, y son justo las que abaratan el resto cuando llega:

  • Documentar lo que se hace para que se pueda repetir. Un proyecto sin memoria es una anécdota. Uno documentado es un método, y un método se financia.
  • Medir desde el principio. Aunque sea con cuatro indicadores honestos. Empezar a medir el año en que hay que justificar es empezar tarde.
  • Cooperar antes de necesitarlo. Las redes no se improvisan el mes de la convocatoria.
  • Licenciar con claridad. Decir quién puede reutilizar qué y en qué condiciones no es un trámite: es lo que convierte un trabajo en un activo.

Son las cuatro que aplicamos a nuestros propios proyectos, con su mapeo de ODS y su ficha pública, y no por pulcritud administrativa: porque un territorio pequeño no compite en escala, compite en que lo suyo se entienda, se verifique y se pueda volver a hacer en otro sitio.

La fotografía que abre esta entrada es de La Geria, en Lanzarote. Cada vid crece en un hoyo excavado en la ceniza volcánica y protegido por un murete de piedra, uno a uno, a mano, en un sitio donde casi no llueve. Nadie diría que ese paisaje es natural, y sin embargo lo parece. Es exactamente lo que ocurre con una economía creativa que funciona: cuando está bien hecha, parece que estaba ahí.

Para verlo en un vídeo

La UNESCO resume en este vídeo el argumento de su trabajo sobre políticas culturales: qué tienen que hacer los países para que el sector exista, y no sólo para celebrarlo.

Al reproducirlo se establece una conexión con YouTube, que puede tratar datos según sus propias condiciones. Hasta que le des al play, este sitio no contacta con sus servidores.

Menciones

Bibliografía

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Tercera y última parte de la serie. La primera es ¿Qué son las Industrias Creativas? (I) Introducción y la segunda, ¿Una forma sostenible de crear valor?.

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